La suspensión temporal del intercambio de ganado en pie entre México y Estados Unidos, derivada de nuevos casos de gusano barrenador detectados en Texas, comenzó a generar preocupación entre productores pecuarios y comerciantes de carne de la región fronteriza, quienes advierten consecuencias económicas que podrían agravarse si las restricciones se prolongan.
La medida fue acordada por autoridades sanitarias de ambos países luego de que el Servicio de Inspección Sanitaria de Animales y Plantas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos notificara la confirmación de un caso de la plaga en un bovino localizado en el condado de Zavala, Texas. Con ello, se activaron nuevamente los protocolos de contención para evitar la propagación del gusano barrenador.
Se trata de la tercera ocasión en poco más de un año que ambos gobiernos implementan restricciones relacionadas con esta enfermedad.
Durante 2025 ya se habían registrado cierres similares en los meses de mayo y julio, lo que evidencia la persistencia del riesgo sanitario en la región.
Ante este nuevo escenario, el comerciante de carne y productor ganadero Héctor Rodríguez señaló que los efectos económicos ya son perceptibles para quienes dependen de la actividad pecuaria.
Explicó que los ganaderos que anteriormente exportaban animales hacia Estados Unidos obtenían mejores precios por su ganado, mientras que actualmente se ven obligados a comercializarlo en el mercado nacional a valores considerablemente menores.
Indicó que esa diferencia representa pérdidas directas para los productores mexicanos y limita la rentabilidad de una actividad que ya enfrenta diversos desafíos derivados de la sequía y del incremento en los costos de producción.
Agregó que las afectaciones no se limitan al lado mexicano, ya que también existen reportes de pérdidas importantes para empresas estadounidenses dedicadas a la comercialización de ganado.
Rodríguez destacó que, aunque el ingreso de ganado estadounidense a México es reducido en comparación con los volúmenes de exportación mexicana, la suspensión de este intercambio también repercute en la dinámica comercial de ambos países.
Desde la perspectiva de los comerciantes de carne, la principal preocupación no radica por ahora en un posible desabasto, ya que el suministro continúa estable.
Sin embargo, advirtió que la incertidumbre generada por las restricciones sanitarias podría dar pie a especulaciones en el mercado, provocando aumentos injustificados en los precios de algunos productos cárnicos.
Consideró que un encarecimiento de la carne afectaría directamente a las familias consumidoras, particularmente en un contexto económico complicado, donde muchos hogares enfrentan dificultades para mantener su poder adquisitivo.
Mientras las autoridades sanitarias mantienen la vigilancia epidemiológica y evalúan la evolución de los casos detectados en Estados Unidos, productores y comerciantes permanecen atentos al desarrollo de la situación, conscientes de que la duración de las restricciones será determinante para medir el alcance real de las afectaciones económicas en la frontera norte.













