A pesar de la instalación del nuevo muro flotante en el Río Bravo, migrantes hondureños que permanecen en la Casa del Migrante de Piedras Negras aseguran que no desistirán de su intención de llegar a Estados Unidos. Aunque reconocen que el gobierno estadounidense tiene derecho a reforzar su frontera, consideran que las boyas representan un mayor riesgo para quienes, impulsados por la necesidad, seguirán intentando cruzar el río. «Tenemos nuestras dos patitas buenas; vamos a intentarlo e intentarlo», expresó uno de ellos al ser cuestionado sobre si volvería a buscar llegar a territorio estadounidense.
Los centroamericanos señalaron que las barreras flotantes solo incrementarán el número de personas fallecidas al dificultar el cruce. «Al poner esas boyas también son vidas que se pierden; se enredan y se ahogan», afirmó uno de ellos.
Mencionó que recientemente fue deportado, y narró que durante uno de sus intentos de cruzar el Río Bravo estuvo a punto de morir ahogado al tratar de escapar de las autoridades estadounidenses.
Otro migrante explicó que dejó Honduras debido a la falta de oportunidades laborales, aun cuando cuenta con estudios universitarios en Ingeniería en Sistemas. Señaló que en su país no ha encontrado un empleo relacionado con su profesión y que su principal motivación es reunirse nuevamente con su esposa e hijo, quienes permanecen en territorio estadounidense.
Los entrevistados coincidieron en que las nuevas medidas de seguridad difícilmente frenarán la migración. Agregaron que miles de personas continuarán arriesgando su vida mientras persistan las condiciones de pobreza, desempleo y falta de oportunidades que los obligan a abandonar sus países de origen.
«Es un riesgo que tomamos porque buscamos un mejor futuro para nuestras familias», señalaron.
El muro flotante instalado en el Río Bravo está conformado por cilindros de gran tamaño unidos entre sí y anclados al fondo del río, formando una barrera diseñada para impedir el cruce irregular hacia Estados Unidos y combatir el tráfico de drogas. Además, incorpora sensores de movimiento que alertan a las autoridades fronterizas cuando alguien intenta atravesarlo.
La colocación de estas estructuras ha generado críticas por parte de organizaciones defensoras de los derechos humanos y ambientalistas, quienes advierten que podrían provocar afectaciones al ecosistema del Río Bravo y aumentar el riesgo de muertes entre quienes intenten cruzar el afluente.














