El Río Bravo recuperó este domingo su nivel habitual, luego de varios días de mantenerse con un caudal elevado a consecuencia de las intensas lluvias registradas en el norte de Coahuila y el sur de Texas. Tras alcanzar uno de los mayores incrementos de los últimos años, el afluente volvió a mostrar un cauce tranquilo, poniendo fin a la etapa de mayor vigilancia por parte de las autoridades.
Durante la contingencia, el gasto del río llegó a acercarse a los 2 mil metros cúbicos por segundo, aunque finalmente no alcanzó los 2 mil 183 metros cúbicos por segundo que habían sido pronosticados por las autoridades. Después de superar su punto más alto, el caudal comenzó a disminuir de manera constante hasta regresar a niveles considerados normales.
Uno de los temas que más preocupación generó fue el desprendimiento de varias boyas del muro flotante instalado en el cauce internacional, las cuales fueron arrastradas por la corriente desde la noche del jueves. Existía el riesgo de que estos módulos impactaran contra los pilares de los puentes internacionales que unen a Piedras Negras con Eagle Pass; sin embargo, finalmente no se registraron daños en la infraestructura fronteriza.
La creciente también mantuvo en alerta a autoridades y habitantes de ambos lados de la frontera debido a la fuerza de la corriente. Como medida preventiva, se reforzó la vigilancia en las márgenes del río para evitar el ingreso de personas, además de retirarse parte del sistema de boyas instalado aguas arriba para disminuir riesgos ante el aumento del caudal.
Aunque el fenómeno dejó algunos árboles derribados, palmas afectadas, acumulación de lodo en zonas cercanas al cauce y otros daños menores, no se reportaron personas lesionadas ni víctimas fatales relacionadas con la creciente. El único incidente relevante fue la detención de un hombre que ingresó al río en pleno aumento del caudal, poniendo en riesgo su integridad y movilizando a las corporaciones de seguridad.
Mientras Piedras Negras deja atrás la contingencia, la creciente del Río Bravo continúa desplazándose río abajo, por lo que ciudades como Nuevo Laredo y Laredo, Texas, mantienen vigilancia sobre el comportamiento del afluente ante el arribo del volumen de agua proveniente de la región norte de Coahuila.















