Aunque el flujo migratorio hacia la frontera de Piedras Negras ha disminuido en comparación con años anteriores debido al endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos, hombres y mujeres de distintos países continúan llegando con la esperanza de encontrar una oportunidad para mejorar su calidad de vida y reunirse con sus familias.
Muchos de ellos enfrentan largas travesías marcadas por el hambre, la inseguridad y situaciones que ponen en riesgo su vida, pero prefieren esperar en territorio mexicano y trabajar de manera temporal antes que arriesgarse a un cruce inmediato, confiando en que las condiciones migratorias puedan cambiar en el futuro.
Uno de esos casos es el de Humberto Algarita, originario de Medellín, Colombia, quien después de recorrer durante mes y medio miles de kilómetros, atravesar la peligrosa selva del Darién y enfrentar hambre, agotamiento y la muerte durante su trayecto hacia la frontera norte de México, asegura que lo que más lo ha marcado no fueron las dificultades del camino, sino la solidaridad que encontró entre los mexicanos.
Con emoción, el migrante colombiano relató que desde su llegada al país ha recibido alimento, dinero y apoyo de personas que, sin conocerlo, decidieron ayudarlo a continuar su camino.
«Los mexicanos me han tratado muy bien, no tengo ninguna queja. Me han dado comida, dinero para seguir mi camino y siempre me han brindado apoyo», expresó.
Humberto recordó que abandonar Colombia fue una decisión motivada por la pobreza y la falta de oportunidades. Durante su recorrido cruzó la selva del Darién, entre Colombia y Panamá, donde aseguró haber visto personas fallecidas abandonadas en el camino. Más tarde, durante su paso por México, también fue testigo de migrantes que perdieron la vida o sufrieron mutilaciones al intentar viajar sobre el tren de carga conocido como La Bestia, imágenes que, afirmó, siguen presentes en su memoria.
Actualmente permanece en Piedras Negras, donde diariamente busca la forma de obtener ingresos. De manera voluntaria ayuda a los trabajadores del centro comercial Súper Gutiérrez, ubicado en el cruce de las calles Lázaro Benavides y Fausto Z. Martínez, recolectando los carritos del supermercado y apoyando a los clientes a llevar sus compras hasta los vehículos, recibiendo únicamente las propinas que las personas deciden entregarle.
Aunque reconoce que esos ingresos apenas le permiten cubrir sus gastos básicos, mantiene la esperanza de conseguir un empleo estable que le permita ahorrar y, algún día, reunirse con su esposa, quien reside en Estados Unidos.
También habló del reforzamiento de la seguridad en la frontera y consideró que la instalación de las boyas flotantes en el Río Bravo hará todavía más difícil cruzar de manera irregular hacia territorio estadounidense.
Explicó que, además del riesgo que representa atravesar el río, las boyas cuentan con sistemas de vigilancia que permiten detectar rápidamente a quienes intentan cruzarlas, lo que reduce aún más las posibilidades de lograrlo sin ser interceptados.
Pese a ello, afirmó que mantiene la esperanza de reencontrarse con su familia y confía en que, con el paso del tiempo, las condiciones migratorias permitan cumplir ese objetivo.
Humberto envió un mensaje a otros colombianos que piensan emigrar, recomendándoles realizar sus trámites migratorios en México para poder trabajar legalmente mientras esperan una oportunidad, ya que la falta de documentos le ha impedido acceder a un empleo formal.















