A once años del tornado que marcó para siempre la historia de Ciudad Acuña, el recuerdo de aquella tragedia sigue vivo entre las familias de la frontera coahuilense.
En el marco de un aniversario más del fenómeno natural registrado el 25 de mayo de 2015, el obispo de la Diócesis de Piedras Negras, Monseñor Alfonso Gerardo Miranda Guardiola, reflexionó sobre los momentos difíciles que han golpeado a las comunidades de la región y llamó a mantener la fe y la unidad ante las adversidades.
Señaló que, durante sus recorridos por distintos municipios de la diócesis, ha sido testigo de cómo fenómenos naturales y hechos violentos han dejado huella en la población.
Mencionó inundaciones recientes en municipios como Cuatro Ciénegas Coahuila, algunos situaciones en Morelos y recordó también el devastador tornado que golpeó a Acuña hace más de una década.
“Las ciudades de nuestra diócesis han enfrentado momentos muy dolorosos. Unas veces son inundaciones, otras accidentes en minas, violencia o tragedias naturales. Nuestras comunidades son vulnerables y por eso debemos mantenernos unidos en oración”, expresó.
Asimismo, pidió mantener bajo la protección de Dios a las familias, trabajadores, agricultores, empresarios y mineros de toda la región norte de Coahuila, al considerar que las dificultades continúan presentándose en distintos municipios.
El tornado de Ciudad Acuña, registrado la madrugada del 25 de mayo de 2015, fue considerado uno de los más intensos documentados en México.
El meteoro se formó alrededor de las 5:30 de la mañana en el sector Ampliación Santa Rosa y avanzó por distintas zonas de la ciudad, afectando severamente colonias como Altos de Santa Teresa, Las Aves y Santa Rosa.
Los daños más graves se concentraron precisamente en esos sectores habitacionales del norte de Coahuila.
En otro tema, durante la celebración de Pentecostés este domingo, monseñor Alfonso Gerardo Miranda destacó la importancia de mantener viva la esperanza y la fe en medio de los conflictos y dificultades que enfrenta la humanidad.
El obispo explicó que esta solemnidad representa la llegada del Espíritu Santo y el fortalecimiento espiritual para anunciar la fe, promover la paz y acompañar a quienes atraviesan momentos complicados.
Como ejemplo, habló sobre una joven originaria de Sabinas que actualmente realiza labores religiosas y humanitarias en Belén, en la región de Cisjordania, en medio del conflicto entre Israel y Palestina.
Señaló que la joven trabaja con niños palestinos que han visto afectados sus sueños y su tranquilidad a causa de la guerra.
Destacó que la misión de esta mujer es transmitir esperanza, ilusión y fortaleza a menores que viven rodeados de violencia, ayudándolos a no perder la fe en el futuro.
El obispo también hizo un llamado a fomentar la paz dentro de las familias, especialmente ante los problemas que suelen surgir entre padres e hijos.
Aseguró que cuando Dios permanece presente en el hogar, las familias encuentran fortaleza, unión y valores que ayudan a mantener sólidos los vínculos matrimoniales y familiares, evitando que las nuevas generaciones se aparten del camino de la fe y de la convivencia sana.















