El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una proclama que impone aranceles del 50% a las importaciones de productos semiacabados de cobre y derivados intensivos en este metal, a partir del 1° de agosto. La medida, argumentada por motivos de seguridad nacional, forma parte de los resultados de una investigación realizada bajo la Sección 232 del Código de Comercio estadounidense, iniciada en febrero pasado.
La orden excluye de los aranceles a insumos como la chatarra de cobre, minerales, concentrados, cátodos y ánodos. Sin embargo, establece nuevas reglas para fortalecer la industria nacional, como el requisito de que al menos el 25% de la chatarra de alta calidad producida en Estados Unidos se venda dentro del país, porcentaje que aumentará gradualmente hasta alcanzar el 40% en 2029. Según la Casa Blanca, esto permitirá a las refinerías locales contar con insumos de bajo costo para ampliar su capacidad de producción.
Chile, Canadá y México, principales proveedores de cobre refinado y sus derivados a Estados Unidos en 2024, serán los países más afectados por esta decisión. El gobierno estadounidense argumenta que estas medidas son necesarias para garantizar el suministro de materiales esenciales para sectores estratégicos como la defensa, la electrónica y la industria automotriz.















