Entre el sonido de los cepillos y el brillo del calzado en el Mercado Zaragoza, Lucio García Flores continúa trabajando como bolero, una labor que realiza desde que tenía apenas 13 años. Sin embargo, detrás de su oficio cotidiano se esconde una historia marcada por el esfuerzo, los sueños y la pasión por el boxeo, disciplina en la que llegó a construir una destacada carrera amateur y profesional durante la década de los setenta.
Originario de Nueva Rosita, Lucio recuerda que su interés por el boxeo comenzó a los 17 años, cuando recibió como regalo sus primeros guantes. Aquella sorpresa despertó en él la inquietud por entrenar y medirse con amigos de la colonia Buenos Aires, en Piedras Negras, donde pronto descubrieron que tenía talento natural para el deporte.
Con dedicación y entusiasmo decidió prepararse de manera más formal y participó en un torneo amateur conocido como “Los Guantes de Oro”, donde logró coronarse campeón, un triunfo que le abrió la puerta a nuevas oportunidades dentro del ring.
Tras aquella victoria, un promotor le ofreció participar en combates profesionales a cuatro rounds, iniciando así una carrera que se extendió por aproximadamente cinco años, de 1975 a 1980. Durante ese periodo acumuló un récord de 28 peleas, con 21 victorias y 7 derrotas, destacando 18 triunfos por nocaut, principalmente en la categoría peso mosca, en la que peleaba con poco más de 50 kilogramos.
A lo largo de su trayectoria enfrentó rivales de gran nivel, entre ellos José Luis Cruz, quien figuraba entre los mejores clasificados del país, y José Gallegos, reconocido campeón zurdo del estado de Nuevo León en aquella época.
Aunque estuvo cerca de conquistar el campeonato estatal, un descuido durante una pelea definió el resultado del combate. “En el boxeo, como en la vida, un instante puede cambiarlo todo”, reflexionó el expugilista.
El final de su carrera llegó tras un fuerte golpe en la cabeza recibido durante un entrenamiento en Eagle Pass, situación que lo llevó al hospital y posteriormente a tomar la difícil decisión de retirarse del boxeo por recomendación médica.
Hoy, entre clientes y amigos que visitan su pequeño espacio de trabajo en el Mercado Zaragoza, Don Lucio conserva con orgullo algunas fotografías de aquellos años, recuerdos que comparte con quienes se detienen a escuchar su historia.
Lejos de abandonar el deporte que marcó su vida, ahora busca transmitir su experiencia a jóvenes, familiares y amigos interesados en aprender boxeo, convencido de que la disciplina y la perseverancia son la base de cualquier logro.
La historia de Don Lucio García Flores es la de un hombre trabajador que, aunque dejó el ring hace décadas, sigue peleando cada día con la misma pasión, ahora desde su humilde puesto de bolero en la ciudad que lo adoptó.












