En medio de la polémica por la militarización de Los Ángeles, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ordenó la retirada de 2 mil soldados de la Guardia Nacional que habían sido desplegados el mes pasado para proteger instalaciones y personal federales. La decisión se anunció luego de que el Pentágono considerara que la situación en la ciudad se había estabilizado tras semanas de manifestaciones.
Las protestas masivas estallaron luego de que el Servicio de Control de Migración y Aduanas (ICE) realizara redadas en centros de trabajo, lo que generó una ola de indignación en todo el país. En respuesta, el presidente Donald Trump ordenó el despliegue de la Guardia Nacional y marines en las calles de Los Ángeles, lo que alimentó un amplio debate sobre el uso del Ejército en suelo estadounidense.
A pesar de la reducción de efectivos, aún permanecerán en la ciudad 2 mil soldados de la Guardia Nacional y unos 700 marines, según informó el Pentágono. El portavoz Sean Parnell agradeció públicamente a las tropas por su intervención y aseguró que “la anarquía en Los Ángeles está disminuyendo”, justificando así la desmovilización parcial.
La presencia militar generó fuertes críticas y desafíos legales, aunque un tribunal de apelaciones permitió a Trump mantener el control sobre la Guardia Nacional de California. El Pentágono defendió el operativo, alegando que proteger a los agentes de ICE es clave para garantizar el cumplimiento de sus funciones federales.














