La baja en los niveles del río Bravo es cada vez más evidente en el tramo fronterizo de Piedras Negras, donde se observa el crecimiento de un islote en medio del cauce, así como la expansión de vegetación acuática debajo de los puentes internacionales. El fenómeno refleja las condiciones de sequía que afectan a gran parte del norte de México y el sur de Texas.
A esta situación se suma la desaparición o reducción significativa de afluentes históricos que alimentaban al río Bravo en la región, entre ellos los ríos Escondido, San Antonio y San Rodrigo. La disminución de estos aportes genera preocupación sobre la disponibilidad futura de agua en una zona donde el recurso es compartido por comunidades de ambos lados de la frontera.
La preocupación también se extiende a Texas. Un estudio encargado por la ciudad de Laredo estimó que, de mantenerse las tendencias actuales de sequía, crecimiento poblacional y reducción de aportaciones al sistema hídrico, la ciudad podría enfrentar serias limitaciones de abastecimiento hacia 2044. Autoridades, científicos y organismos ambientales señalan que los bajos niveles en las presas internacionales Amistad y Falcón, junto con las condiciones climáticas, representan uno de los principales desafíos para el futuro de la cuenca del río Bravo.















