Con 34 años de edad y una discapacidad que lo acompaña desde su nacimiento, Ángel Bautista, enfrenta una realidad que describe como desgastante, desigual e injusta, al no contar con ningún tipo de apoyo gubernamental, y asegura que pese a sus constantes intentos, no ha logrado acceder a un empleo formal que le permita mejorar su calidad de vida.
Ángel asegura que su situación no es por falta de esfuerzo, ya que en repetidas ocasiones ha acudido a oficinas de gobierno en busca de orientación o algún programa de apoyo, pero la respuesta, dice, siempre ha sido la misma; negativas, excusas o promesas que nunca se concretan.
“Te dicen que regreses después, que no hay lugar o que ellos te llaman, pero ese llamado nunca llega”, expresó el decepcionado hombre.
Desde su perspectiva, Ángel considera que los apoyos existentes no están llegando a quienes realmente los necesitan, sino que continúan beneficiando a las mismas personas de siempre, dejando fuera a muchos ciudadanos con discapacidad que buscan una oportunidad para salir adelante.
Esta situación, afirma, termina convirtiéndose en una forma de discriminación silenciosa.
Actualmente, Ángel trabaja vendiendo periódicos, una labor que realiza todos los días desde temprana hora, en una jornada que inicia desde antes del amanecer y concluye alrededor de las 11 de la mañana.
Aunque agradece poder generar un ingreso honesto, reconoce que este trabajo no es suficiente para cubrir todas sus necesidades y, además, le deja varias horas libres que podrían aprovecharse en otra actividad laboral.
Es por ello que esta en la constante búsqueda de un empleo que complemente su día y que a su vez le genere ingresos extras para poder cubrir realmente sus gastos diarios.
“Yo no quiero que me regalen nada, quiero trabajar. Sé hacer muchas cosas, puedo valerme por mí mismo”, afirmó.
Con firmeza, deja claro que su discapacidad no le impide desarrollarse ni aportar, y que lo único que necesita es una oportunidad real para salir adelante.
Ángel también comparte que ha intentado integrarse al sector laboral formal, incluso acudiendo a maquiladoras, pero en todos los casos ha recibido la misma respuesta: “nosotros te avisamos”, sin embargo ese aviso nunca se concreta.
Desde su perspectiva, comentó que tanto las empresas como las autoridades tienen una deuda pendiente con las personas con discapacidad, al no generar espacios incluyentes ni estrategias claras que faciliten su integración al área laboral.
Esta constante negativa ha ido generando en él una sensación de exclusión y desesperanza, considera que hace falta voluntad y empatía para atender a un sector que, asegura, ha sido históricamente ignorado.
En ese sentido, hace un llamado directo a las autoridades municipales y a los distintos niveles de gobierno para que escuchen su voz y la de muchas otras personas que atraviesan por la misma situación.
“Que nos tomen en cuenta, que nos volteen a ver. No pedimos mucho, solo una oportunidad para trabajar dignamente”, insistió.
Ángel reconoce que ha sido la ciudadanía quien, en gran medida, le ha brindado apoyo para salir adelante, lo cual agradece profundamente.
Aunque señala que esta ayuda no debería sustituir el respaldo institucional que debería existir para personas como él con alguna discapacidad.
“Gracias a la gente no me siento solo, pero esto no debería ser así. Debería haber programas que realmente funcionen, que lleguen a quienes lo necesitamos”, concluyó, con la esperanza de que su testimonio sirva para visibilizar una problemática que, asegura, afecta a muchos más que se encuentran en pleno silencio.













