Más de tres años después de la invasión rusa, miles de niños ucranianos comenzaron este lunes el ciclo escolar en aulas subterráneas adaptadas para garantizar su seguridad. En Járkov, la segunda ciudad más grande del país y blanco frecuente de bombardeos, unos 17,000 alumnos asisten a siete escuelas bajo tierra, mientras otras tres se abrirán en los próximos meses, según informó el alcalde Ihor Terejov. Incluso seis estaciones del metro fueron convertidas en salones de clase.
La medida también se replica en comunidades cercanas a la línea del frente, como Bobryk, en la región de Sumy, donde los estudiantes llevan dos años tomando clases en un sótano para no interrumpir su formación. “Debemos hacer todo para que esta generación no se pierda. El tiempo es lo único que no se puede recuperar”, expresó el director Oleksii Korenivskyi al señalar que la educación, ya golpeada por la pandemia, no puede detenerse pese a las alertas aéreas que en ocasiones duran hasta 20 horas.
En espacios improvisados, sin ventanas ni puertas y divididos apenas por láminas de plástico, los alumnos siguen aprendiendo mientras el país se adapta para sostener la vida en medio de la guerra. Aun así, el éxodo continúa: la escuela de Bobryk ha perdido cerca del 10% de sus estudiantes desde la invasión rusa, reflejo de la incertidumbre que obliga a muchas familias a dejar Ucrania.















