El buque lanzamisiles estadounidense USS Lake Erie ingresó la noche de este viernes al canal de Panamá procedente del Pacífico, rumbo al Caribe, como parte de un despliegue naval de Washington en la región. La embarcación cruzó la esclusa de Pedro Miguel alrededor de las 21:30 horas locales y continuó su travesía hacia el Atlántico, en un recorrido que dura aproximadamente ocho horas. Este movimiento forma parte de la estrategia de Estados Unidos para reforzar su presencia frente a las costas de Venezuela.
El gobierno estadounidense ya había desplegado destructores, un submarino nuclear, buques anfibios y más de 4 mil 500 efectivos militares en el Caribe sur, con el argumento de combatir el narcotráfico y ejercer presión política sobre el régimen de Nicolás Maduro. En respuesta, el presidente venezolano ordenó la movilización de entre 4 y 4.5 millones de milicianos de la Milicia Nacional Bolivariana, quienes se sumaron a patrullajes y ejercicios militares internos, además de reforzar con 15 mil efectivos la frontera con Colombia.
Paralelamente, Caracas denunció el operativo estadounidense como una “amenaza regional” y un acto de agresión contra la paz en América Latina, solicitando la intervención de Naciones Unidas. La Cancillería venezolana destacó que la movilización de tropas y milicianos busca “defender la soberanía nacional”, al tiempo que extendió la organización de milicias campesinas y obreras como parte del frente de defensa bolivariano.
En este contexto, Rusia expresó su respaldo al gobierno de Nicolás Maduro y rechazó lo que calificó como intentos de injerencia de Washington. La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajarova, manifestó la “solidaridad plena” de Moscú con Venezuela y recalcó que ningún país debe ser objeto de amenazas militares como herramienta de política exterior. El Kremlin reafirmó su compromiso de cooperación estratégica con Caracas y pidió que América Latina continúe siendo “una zona de paz”, libre de intervenciones armadas.














