El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó recientemente su preferencia por un dólar más débil, argumentando que, aunque un dólar fuerte “suena bien”, dificulta el turismo y la venta de productos estadounidenses como tractores y camiones. Desde la Casa Blanca, antes de viajar a Escocia, Trump explicó que un dólar más débil puede potenciar las exportaciones, beneficiar a los fabricantes y hacer más efectivos los aranceles impuestos por su administración.
En sus declaraciones, Trump reconoció que un dólar fuerte es favorable para controlar la inflación, pero sostuvo que una moneda más débil ofrece ventajas estratégicas, como facilitar el pago de la deuda y mantener tasas de interés bajas. Además, subrayó que países como China y Japón han utilizado durante décadas políticas de debilitamiento de sus monedas para dominar mercados internacionales, lo que, según él, justifica una estrategia similar para Estados Unidos.
Estas afirmaciones surgen en un contexto de creciente tensión comercial, ya que se acerca la fecha límite del 1 de agosto para renegociar acuerdos con los socios comerciales de Estados Unidos. De no lograrse un consenso, el gobierno estadounidense impondría nuevos aranceles que podrían alcanzar hasta el 50%, lo que, junto con un dólar más débil, buscaría fortalecer la competitividad de las exportaciones y dinamizar el sector manufacturero nacional.













