El estado de Texas enfrenta uno de los peores desastres naturales de su historia reciente, tras las devastadoras inundaciones repentinas ocurridas el pasado fin de semana en la región conocida como Hill Country, a las afueras de San Antonio. Hasta el momento, el número de personas fallecidas ha ascendido a 91, de las cuales 75 cuerpos ya han sido recuperados, incluidos 27 menores de edad.
Las precipitaciones extremas, que en solo 12 horas acumularon más de 30 centímetros de lluvia, provocaron el desbordamiento del río Guadalupe, que alcanzó una altura de 9.9 metros, su segundo nivel más alto jamás registrado. El fenómeno coincidió con las celebraciones del 4 de julio, dejando a comunidades enteras atrapadas y múltiples personas desaparecidas.
El campamento cristiano exclusivo para niñas Camp Mystic, ubicado en el condado de Kerr, uno de los más golpeados, confirmó la muerte de 27 menores y consejeros. La tragedia ha generado conmoción nacional y críticas sobre la preparación del sistema de respuesta ante eventos climáticos extremos.
El alguacil del condado, Larry Leitha Jr., detalló que entre las víctimas recuperadas en esa zona hay 48 adultos y 27 niños. En tanto, los equipos de rescate continúan la búsqueda de desaparecidos a lo largo del río, mientras la angustia se apodera de las familias afectadas.
Desde la Casa Blanca, la portavoz Karoline Leavitt calificó el desastre como “uno de los peores en la historia moderna del estado” y aseguró que el gobierno federal se enfocará en apoyar a las comunidades damnificadas durante el proceso de recuperación. Asimismo, anunció que el presidente Donald Trump planea visitar Texas a finales de esta semana.
Leavitt también desestimó las acusaciones de algunos políticos demócratas que culpan a la Administración Trump por la reducción del personal en el Servicio Meteorológico Nacional, afirmando que se trata de “mentiras” con fines políticos.
El Servicio Meteorológico ha emitido nuevas alertas de inundaciones para áreas como Burnet County, advirtiendo que el riesgo persiste debido a las condiciones climáticas extremas. Expertos han advertido que el cambio climático está aumentando la frecuencia e intensidad de este tipo de eventos, elevando la vulnerabilidad de las comunidades ante desastres naturales.
La tragedia del 4 de julio en Texas deja al descubierto no solo los estragos del clima, sino también los desafíos que enfrentan los gobiernos locales, estatales y federales para proteger a sus ciudadanos en un contexto climático cada vez más impredecible.














