Tras la reciente contingencia del pasado 16 de julio, en la que varias boyas del muro flotante instalado en el Río Bravo se desprendieron río arriba y fueron arrastradas por la corriente, generando riesgos para el ecosistema y las especies que habitan el afluente, el obispo de la Diócesis de Piedras Negras, Monseñor Alfonso Gerardo Miranda, lamentó que las advertencias realizadas durante los últimos años por ambientalistas, organismos y diversos sectores de la sociedad no hayan sido atendidas, pese a las constantes voces que se han manifestado en contra de esta infraestructura fronteriza.
Señaló que lo ocurrido vuelve a evidenciar los riesgos que representa el sistema de boyas, no solo para las personas migrantes, sino también para el equilibrio ambiental del Río Bravo. Dijo que desde su instalación han existido señalamientos sobre las afectaciones que este tipo de barreras ocasionan al cauce internacional y a la fauna que depende de él.
Indicó que el contraste entre ambos lados de la frontera resulta evidente para quienes recorren el Paseo del Río en Piedras Negras, donde del lado mexicano se observan espacios públicos y expresiones artísticas, mientras que del lado estadounidense predominan las barreras físicas colocadas para impedir el cruce de migrantes.
Monseñor Miranda sostuvo que la protección de las fronteras no debe realizarse mediante acciones que vulneren la dignidad de las personas ni mediante estructuras que representen un riesgo para el medio ambiente. Agregó que el desprendimiento de las boyas confirma la preocupación expresada durante años por colectivos y especialistas respecto a los posibles daños ecológicos que podrían ocasionar.
Afirmó que el respeto a la vida humana debe ir de la mano con el cuidado de los recursos naturales, al considerar que el Río Bravo constituye un patrimonio compartido entre ambos países y un ecosistema del que dependen numerosas especies y comunidades.
Hizo un llamado para que autoridades y sociedad impulsen estrategias migratorias que garanticen la seguridad fronteriza sin provocar afectaciones al medio ambiente ni comprometer la conservación del Río Bravo, privilegiando soluciones que respeten tanto la dignidad humana como el equilibrio ecológico.











