A sus 77 años de edad, Don Juan Saucedo, mejor conocido por generaciones enteras como el payaso “Pipo”, continúa viendo la vida con el mismo humor y alegría que lo llevaron a convertirse en uno de los personajes más queridos de Piedras Negras.
Con más de 55 años dedicados a hacer reír, el artista nigropetense abrió su corazón para recordar las aventuras, sacrificios, anécdotas y momentos inolvidables que ha vivido arriba de los escenarios, agradeciendo profundamente el cariño que hasta la fecha sigue recibiendo en cada lugar al que va.
Con emoción y orgullo, Don Juan aseguró que “Pipo” no solo le regaló una carrera artística, sino también amistades, experiencias y recuerdos que marcaron toda su vida.
“Hay que reírnos, la vida es humor, es vivir alegre pese a las dificultades y obstáculos que se puedan presentar”, expresó.
El reconocido payaso recordó que en sus inicios el ambiente era completamente distinto al actual.
Señaló que antes los niños se emocionaban apenas lo veían llegar vestido de payaso, dejando de lado cualquier juego o distracción para sentarse frente al espectáculo y disfrutar cada chiste, ocurrencia o acto de magia.
Sin embargo, lamentó que con el paso de los años y la llegada de la tecnología, el humor y los espectáculos infantiles hayan perdido parte de la atención de las nuevas generaciones.
“Ahora muchos niños prefieren mirar un celular o una tablet antes que poner atención al show del payaso”, comentó con nostalgia.
A pesar de ello, aseguró que ha tenido que renovarse y adaptarse a los tiempos actuales para seguir conectando con el público, aunque reconoce que ya no es igual que antes.
Don Juan relató que el personaje de “Pipo” nació prácticamente junto con él, pues considera que el talento para hacer reír es algo con lo que se nace.
“El payaso no se hace, se nace”, recordó, citando una frase que años atrás le dijo el reconocido payaso “Regalito”, durante un encuentro entre comediantes.
A lo largo de su trayectoria, “Pipo” no solo se presentó en Piedras Negras, sino que llevó su humor a diferentes ciudades de México y Estados Unidos.
Recordó actuaciones en Acuña, Nava, Zaragoza, Allende, Sabinas, Monclova, Saltillo, Monterrey y Guadalajara, además de presentaciones en San Antonio, Houston, Tulsa, Oklahoma y otras ciudades estadounidenses.
Incluso recordó que durante algunas de sus presentaciones en Estados Unidos tuvo que improvisar chistes en inglés para poder conectar con el público y salir adelante con su espectáculo.
“En Tulsa casi toda la gente hablaba inglés y tenía que contar chistes en inglés también”, recordó entre risas.
Uno de los momentos que más marcó su carrera ocurrió durante congresos y encuentros de payasos realizados en Monterrey y otras ciudades, donde logró destacar gracias a su estilo diferente de hacer comedia.
Mientras otros artistas realizaban actos de magia tradicionales, “Pipo” apostaba por la llamada “magia cómica”, utilizando chascarrillos, ocurrencias y situaciones improvisadas para provocar carcajadas.
“Yo hacía magia, pero distinta; lo mío era magia cómica”, explicó.
Don Juan recordó con especial emoción el reconocimiento que recibió por parte de otros payasos profesionales, entre ellos el famoso “Regalito”, quien públicamente aseguró que él sí era “un verdadero payaso” por su facilidad natural para hacer reír incluso sin maquillaje.
“Me dijo: ‘Este sí es payaso, él sin maquillarse hace reír’”, contó emocionado.
También compartió algunas de las experiencias difíciles que enfrentó a lo largo de su carrera, desde bromas pesadas donde lo enviaban a domicilios inexistentes, hasta envidias y obstáculos dentro del ambiente artístico.
Sin embargo, afirmó que siempre logró salir adelante gracias al cariño de la gente y al apoyo de quienes confiaron en su talento.
Durante años trabajó en ferias, eventos comerciales, coronaciones, fiestas y presentaciones especiales, recorriendo largas distancias y pasando temporadas fuera de casa.
Recordó especialmente su estancia en Concepción del Oro, Zacatecas, donde trabajó todos los días de feria debido al éxito que tuvo con el público.
En esa etapa también dio vida a otros personajes, como “Chispita Coca Loco”, inspirado en campañas publicitarias de refrescos de aquella época.
Con humildad, Don Juan relató que muchas veces su mayor recompensa no era el dinero, sino las palabras de las personas que se acercaban para felicitarlo después de cada presentación.
Recordó particularmente el caso de un empresario que, tras verlo actuar en la inauguración de un negocio, decidió pagarle mucho más de lo acordado porque aseguró que jamás un payaso lo había hecho reír de esa manera.
“Usted es el único payaso que me ha hecho reír”, le dijeron aquella vez.
A pesar del paso del tiempo, Don Juan Saucedo aseguró que sigue disfrutando hacer reír a las personas, pues considera que el humor ayuda a sanar el alma y a enfrentar los problemas de la vida.
“Me gusta hacer reír a la gente para que vivan más años”, expresó.
Aprovecho para agradecer a todas las personas que lo han apoyado durante más de cinco décadas de trayectoria artística, así como a quienes continúan reconociéndolo y brindándole cariño en las calles.
“Les agradezco a todos los que me han apoyado durante todos estos años. Mientras Dios me dé vida, voy a seguir adelante haciendo reír a la gente” expresó.
Don Juan finalizó enviando un mensaje a quienes atraviesan problemas personales, invitándolos a no rendirse y a encontrar siempre un motivo para seguir adelante.
“No se quiten la vida, Dios nos la dio para vivirla. Todos tenemos problemas, pero hay que seguir adelante y buscar siempre una razón para sonreír”, dijo.
Y fiel a su estilo, cerró la charla con una de sus bromas favoritas, provocando nuevamente carcajadas demostrando que, después de 55 años de carrera, “Pipo” sigue teniendo intacto el don que lo convirtió en una leyenda del humor en esta frontera.














